Se graduó con uno de los mejores promedios de su curso. Entró a estudiar Medicina porque “siempre fue muy inteligente” y “le iban a sobrar oportunidades”. Pero no era lo suyo.
Duró dos años.
Hoy estudia Diseño Gráfico.
Dice que ojalá alguien le hubiera dicho antes que ser inteligente no es lo mismo que querer ser médica.
Camila no es un caso aislado.
Es 1 de cada 3 estudiantes universitarios en Colombia. Y la diferencia entre Camila y los que sí eligieron bien no fue suerte. Fue información.